POR SENEN GONZALEZ VELEZ
Entre las satisfacciones mas grandes de mi vida, no solo está en ser eminentemente familiar, hombre de casa, sino también escuchar música, cantar, escribir poemas, comunicarme con la naturaleza, para entender la condición humana. Pero, cuando siembro un árbol, una planta, o adopto un animal, percibo de la tierra su mas profundo agradecimiento. De ahí la razón de la nostalgia que siento, cuando en mis horas de meditación, se vienen a mi mente los mas bellos recuerdos de aquellos grandes momentos de mi relación con el campo, con la naturaleza, que recordarlos, me alegran la vida, pero a la ves me entristecen infinitamente, por haberlos abandonado por razones de seguridad. Tristemente y contra mi voluntad, tuve que despedirme de ellos: las plantas, los animales, silvestres y domésticos, esos que le dan movimiento permanente a la vida.
La naturaleza nunca ha sido muda, y muchos menos ingrata, solo que muchos no han tenido oídos para escucharla. - Cuando yo era pequeño, me acerque a mi padre, le tome de su mano y lo lleve a la ventana con vista al grande patio que teníamos, y desde allí le mostré lo que estaba haciendo mi madre, que era hablarles a sus rosas y contemplar el color de cada una de ellas. Le dije, ¿para que le habla, si ellas no le contestan?, Y el, con la paciencia del sabio me respondió: Hijo, observa como cambian de color, y mira en sus hojas su alegría. -Para mis adentros me dije: están locos, ni les veo el cambio de color, ni las veo sonreír. Cuando fui dueño de una pequeña finca ganadera, todo lo bucólico, se me convirtió en poesía. Vi en cada parte de la naturaleza, su exótico rasgo, su identidad propia. El viento traía muchas veces el mensaje de la lluvia y las hojas cambiaban de aspecto. Los animales se alegraban, las aves aleteaban y el cielo cambiaba su rosto seco, por uno húmedo, que anunciaba la descarga de agua para mitigar la sed que clamaba el reino natural. Todo estaba bien sincronizado, a su tiempo y medida. Pero el hombre, en su terquedad o ambición desmedida, ha querido cambiarle el ritmo a la naturaleza, en todo sentido, para acomodarla a sus mezquinos intereses, y es allí, cuando esta reacciona, y las consecuencias son graves, desbastadoras.
De manera pues, que nunca es tarde, para acercarse al parque y sembrar un árbol, o lanzar semillas, en lugar de basuras. Cuando salgas de paseo, piensa, que llevas de compañía en tu auto, un pasajero mas, y es la visual agradable que te ofrece la naturaleza a través de los colores de sus hojas y flores. Anda despacio, gozate el paseo, sin velocidades que solo traen la desformacion borrosa del panorama. No pienses en llegar primero, solo acapara las energías positivas que te regalan las imágenes naturales, que se muestras tranquilas, libres como el viento, y esas te harán ver y sentir diferente, alegre pro activo. Dedico este modesto articulo, a los arboles, los animales, y la naturaleza, a la que les debo, el haber podido aprender y conocer, la condición humana, como también a mi mismo y por su puesto a Dios, su legitimo autor. Quien es bueno con la naturaleza, es buen miembro de familia y buen amigo. Sengove.-